No sé si es últimamente que me doy cuenta (quizás por el tiempo libre que las vacaciones dan para pensar) o es que ahora estoy recordando lo vacía que puede ser la gente, lo hueco que es su mundo, lo desechable de las relaciones humanas y lo poco que importa lo que uno sienta o piense, porque al final siempre va a haber alguien que a ti te importe y que lo termine mirando a menos o haga su suprema voluntad y deje las cosas como están. Que si uno no hace el movimiento inicial, las cosas quedan como están. Que si uno no plantea los problemas -y las soluciones, de paso- las cosas quedan como están. Y aún así, en el momento que dura la normalidad, llega el bloqueo de los malos momentos-acciones (o no-acciones) y todo vuelve a ser perfecto, pero cuando las cosas vuelven a su estado básico y las personas retornan a su mundo hueco y desechable, llega la pregunta idiota de "¿por qué?", y de culpar a todos menos a uno mismo, y de culparse a uno mismo en vez de a los demás.
Y así quedan las amistades de papel.






